6 5 el fin de escapar del laberinto del Minotauro donde ambos fueron ence- rrados. Lograron emprender vuelo y escapar, pero Ícaro, atento al canto de los pájaros y a la belleza del cielo, se acercó demasiado al sol; la cera se derritió y sucumbió ahogado en el mar, sin dejar más rastros que unas cuantas plumas en el agua. Sean inmóviles, aceptando su condición en medio del deseo de volar o escapar, sean en torsión, pretendiendo su- perar sus límites humanos, estas figuras de Amaral parecen simbolizar líricamente la imposibilidad final de trascender lo que somos. Un sentido similar se encuentra en las esculturas tituladas Centauro ( 1992 , 1998 ), Centaura 1 ( 1991 ) y Centaura ( 1998 ), que se inspiran libre- mente en la figura mitológica griega, mitad hombre y mitad caballo, cuyo nombre significa “cazador de toros”. Por ejemplo, en Centauro Caída en alas, 2000. 76 × 178 × 65 cm, bronce. JA239. Página opuesta: Esfinge Nº 5, 2000. 76 × 41 × 43 cm, bronce. JA232.

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