6 3 cumplir cabalmente. Una incógnita que no nos es dado desentrañar las remite a existir sumidas en sus orígenes inciertos, pero su presencia comprueba una grandeza extinta, acaso asociada al deseo humano de someterse a poderes superiores que le brinden amparo. Ya sin dioses y abandonadas a su suerte, estas esfinges quisieron ser símbolos protecto- res; pero al menor descuido pueden tornarse amenazantes. Sobre sus pedestales permanecen enhiestas e impávidas, sumidas en el misterio, mudas, ciegas e impotentes de salvarnos del desastre inevitable. Aunque llevan títulos como Hermafrodita alado ( 1990 ), Hombre con alas ( 1990 ), Mujer con alas ( 1990 ), Mujer con alas abiertas ( 1994 ), Hombre con alas caídas ( 1994 ), así como Alas caídas ( 2000 ), Cisne tres ( 2000 ), Cisne dos ( 2000 ), Cisne uno ( 2000 ), estas esculturas son formas personales de referirse al mito de Ícaro. Las de 1990 son figuras hieráticas de pie ancla- das a sus bases, mientras que en las de 2000 el protagonista está arqueado como en un esfuerzo supremo por alzar vuelo. La situación extrema se encuentra en Alas caídas , en la que el tamaño desmesurado de las mismas es precisamente lo que impide volar. Estos personajes —hermafroditas, hombres o mujeres—, de finos acabados, están absortos en la lucha por liberarse de su condición humana, anhelo que, en el caso de Ícaro, pagó con la vida. Cuenta la leyenda que su padre, el arquitecto e inventor Dé- dalo, construyó unas alas de plumas que adhirió al cuerpo con cera, con Perro guardián Nº 8, 1995. 80 × 19 × 47 cm, bronce. JA116. Perro guardián Nº 5, 1994. 84 × 27 × 63 cm, bronce. JA105.
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