6 2 Para el escultor, como lo muestra en Minotauro ( 1992 ), el personaje está dotado de un cuerpo masculino simplificado, en cuya cabeza se desta- can los cuernos y la cola de toro. Proveniente también de la mitología, el cancerbero, que en Amaral asume nombres como Perro guardián ( Nº 1 a Nº 5 , 1994) y Guardián ( Nº 1 a Nº 3 , 1996 ), tenía como misión cuidar la entrada a los infiernos y no dejar salir de allí a nadie. “Fiera cruel y diferente”, de acuerdo con Dante, Graso y negro es su pelo; ojos atroces; Su vientre es ancho y sus uñosas manos Al desollar las almas son feroces 53 . De 50 cabezas en unos casos y en otros de tres, o dotado de cuatro ojos en ciertas mitologías, el cancerbero puede tener por rabo una ser- piente o la cola de un dragón; de su boca destilaba veneno, y el lomo estaba plagado de serpientes. Pero el escultor elude la representación monstruosa de este terrible vigilante: más bien, lo presenta con una sola cabeza y cuatro patas. Pero, sin duda, sus canes acorazados, algunos con cola serpenteante, otros con cadenas, enrejados, cinchas, extraños bo- zales o yelmos, montan guardia junto a las puertas invisibles del Hades. Los tonos verdes de los acabados resultan muy evocadores y recuerdan antiguas esculturas chinas. En sus muy personales Esfinges , Amaral se aparta también de la con- cepción original que inspiró a los antiguos griegos y egipcios la inven- ción de esta figura mitológica, compuesta de cuerpo y patas de león con pecho y cabeza humanos. Según la tradición, Edipo de Tebas en- frentó el enigma que la esfinge planteaba a los caminantes, a quienes destrozaba si no lo resolvían: ¿cuál es el animal que por la mañana tiene cuatro patas, al mediodía dos y por la noche tres? Luego de que Edipo lo descifrara (el hombre en los primeros años gatea, luego camina sobre los pies y al envejecer se apoya en un bastón), la esfinge se precipitó al fondo de un acantilado y pereció. Erigida como estatua junto a tumbas y templos, se convirtió en una figura amenazante para el viajero y guar- diana de los santuarios. Bronces como Esfinge Nº 4 ( 1999 ), Esfinge Nº 5 ( 2000 ), Esfinge Nº 6 ( 2001 ) y Esfinge Nº 7 ( 2002 ) carecen de alusiones literales a la figura de la leyenda; se trata más bien de torsos hieráticos y asexuados, dispuestos sobre una base rectangular muy elaborada, que montan guardia para proteger un enigma. Algunas presentan el cuerpo tachonado, otras insistentemente texturado, y otras más se han recons- truido mediante restos cosidos unos a otros. Alas, escudos, máscaras geometrizadas o entramados dispuestos so- bre el rostro, o el rostro mismo convertido en una cuenca sin fondo, a manera de un enorme ojo, forman parte de los elementos iconográfi- cos de estas figuras, que resultan enlazadas con la tradición mitológica en sus intenciones protectoras, función que una oscura razón impide Minotauro dos, 1999. 49 × 19 × 19 cm, bronce. JA215. Minotaura dos, 1999. 45 × 19 × 19 cm, bronce. JA214.
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