5 7 ten, están llenas de resonancias y alusiones a la mortalidad que aguarda en el núcleo de toda identidad. Este conjunto de obras entra en contradicción con el paradigma de la escultura académica y con la función de la exaltación de la figu- ra del héroe, sea militar, religioso o civil. Estas esculturas sin pedestal comprueban, precisamente, la inexistencia de un personaje digno de ser conmemorado en bronce pulido y brillante, y en consecuencia certifi- can la extinción del ideal clásico. En Amaral, ese lugar del héroe lo ocu- pa el vacío dejado por caras anónimas y desconocidas, por cascarones, —establecidos como residuos del ser—, y por máscaras que protegieron y ocultaron una identidad que quiso, tal vez en vano, ser defendida, y de la que nada ha sobrevivido, tal vez como demostración de la inutilidad de cualquier empeño. Yelmo Nº 1, 1991. 43 × 36 × 25 cm, bronce. JA040.

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