5 5 de ellas desarrolla argumentos escultóricos que remiten a la ausencia, a la expresión de lo que no pudo decirse y al complejo mundo interior del creador desaparecido. El primero de estos argumentos plásticos se despliega en las cabezas, que resultan ser concavidades donde podría alojarse la muerte, o bien un último destello o el eco mismo de la me- moria. Por ejemplo, en Poeta muerto V ( 1992 ), un paño ajustado con bisagras resguarda el rostro; al hacerlo girar, deja ver la cavidad ocupada por un entramado de triángulos o de cuadrados azules; en Poeta muerto IV ( 1992 ), el interior del cráneo está ocupado por pequeños fragmen- tos. En otros casos, al mover la máscara se descubren distintos secretos y también elementos internos que parecían servirle de protección al extinto bardo. El segundo argumento se desarrolla en el tronco; carece de brazos, pero puede estar dotado de complejos escudos, petos, espal- dares o corazas, que se abren para dejar ver el pecho, los hombros con elementos decorativos o las espaldas muy trabajadas mediante incisiones y tramas. Por encargo de la Casa de Poesía Silva, de Bogotá, Amaral creó en mayo de 1996 Poeta muerto Nº 10 Silva , escultura en bronce instalada en el patio central de esta entidad. A propósito de esta obra escribió el siguiente poema, en el que explica muy bien esta serie de esculturas 47 : Busto de Silva Cuando un poeta muere queda en su sedimento su materia entrañable, sus palabras, los indicios de su verbo Cada poeta tiene su propio sepulcro de silencio y los versos terminan siendo el sudario imperfecto Quedan los poemas, el polvo, las imágenes y los miedos La concavidad de la muerte permite que la memoria resuene El secreto del cráneo horadado por la angustia del tiempo deja filtrar luz de adentro hacia el exterior De la tumba íntima a la permanencia de sus destellos La cabeza del poeta es un farol que bien podría utilizar Lázaro para encontrar las huellas perdidas en la quietud silenciosa de la muerte Las catorce líneas verticales de la cara son los catorce versos del soneto Y las líneas que protegen su pecho son las páginas de los libros que escribió o de aquellos que lo acompañaron en sus pasos de solitario y lo que cae sobre sus hombros y sobre su cuerpo son las palabras que nunca lo abandonaron ni en la vida ni en la muerte En el pecho queda la dorada marca del suicida que anticipó su encuentro con el espejo de la nada La señal que orientó el disparo El tatuaje de una decisión que lo llevó al frío reino de las sombras En la espalda un escudo que podría ser libro abierto alas mutiladas Coraza para que el poeta proteja su alma Talismán que salva sus palabras Signo y sello para contrarrestar las dudas y las deudas. Poeta muerto Nº 9, 1995. 58 × 51 × 30,5 cm, bronce. JA125. Fuera de exposición.
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