5 4 buzones, al tiempo que protegen la cabeza con una suerte de máscara o visera, lo que por momentos convierte a los vigilantes en guerreros. Las espirales extendidas en progresión contrarrestan con su movimiento la atávica quietud que embarga a estos cuerpos solitarios, que rinden culto silencioso a una deidad nocturna o escrutan la noche de los tiempos. Poe t a mue r t o El segundo tema tratado por Amaral responde, por medio de la escul- tura, a la pregunta de qué queda de un poeta cuando muere. El primer ejemplar de la serie Poeta muerto Nº 1 fue elaborado en agosto de 1990 . Al levantar las partes móviles con que está dotado el rostro, el perso- naje vacío aúlla desde su oscuridad interna. “Cuando el poeta muere —declaró el artista—, el poema que no fue realizado permanece y na- die podrá nunca leerlo” 46 . Esos poemas nunca materializados son, tal vez, lo que tratan de expresar los bustos de este conjunto de personajes enigmáticos. Otras variantes que profundizan en el tema se encuentran en las siguientes nueve piezas realizadas en 1991 y 1996 , caracterizadas por su compleja elaboración y la gran variedad de texturas y pátinas. Cada una Poeta muerto Nº 10, José Asunción Silva, 1996. 95 × 80 × 45 cm, bronce. JA140. Fuera de exposición.
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