5 1 Frutos del silencio llevan a las tres dimensiones las imágenes que pintó en las series de nombre similar, y muestran su capacidad de trabajar con el volumen y el acabado de las superficies. Las frutas secas se convierten en epitafios y replican en tres dimensiones las metáforas planteadas en las pinturas. Marta Traba, al comentar la retrospectiva de 1983 donde se vieron varias de estas obras, escribió: En la serie actual de frutas, esa fatalidad de la muerte —temblor, descomposi- ción sin estridencia, volúmenes agónicos, color macerado, titubeo de la ima- gen— va unida más que nunca a la espléndida finura del tratamiento plástico. Como “cadáveres exquisitos”, estas frutas testimonian la desconfianza en el mundo brutal y brillante de las apariencias 44 . Otro conjunto de terracotas de esta misma época tiene como motivo central la figura mitológica de Tiresias, que ya en la década de los años setenta había tomado su lugar de importancia en los dibujos. Por medio de una simplificación extrema del torso y la cabeza, según se aprecia en obras como Tiresias meditando ( 1983 ), Tiresias, un suspiro blanco ( 1983 ) y Tiresias, profecías en silencio ( 1983 ), el escultor representa al adivino sin rostro. No sólo está ciego sino que carece de identidad reconocible: está reducido a ser una forma básica que evoca la unidad de lo imposible. En Tiresias meditando ( 1983 ) estas características se extreman: el cráneo abierto, a manera de cáscara quebrada, deja ver su contenido a medio llenar por una suerte de magma. La cabeza se ha convertido en una gran cuenca ocular, desde donde el profeta del drama edípico estalla por causa del secreto que se le dio a conocer al transformarse en mujer. Estas piezas se modelaron directamente en barro, luego se cocieron en horno, se cubrieron con una capa delgada de gesso para sellar la superficie y, finalmente, se policromaron al óleo. En 1989 , treinta años después de haberla abandonado, Amaral regre- só a la escultura en bronce. Un par de años antes, Benoit Junod, agrega- do cultural de Suiza en Colombia, se interesó en una de sus esculturas de los años sesenta y logró encontrar una fundición en Bogotá donde le hicieron una copia en bronce macizo, todo lo cual animó al artista a interesarse de nuevo en practicar la técnica. Entre marzo y junio de 1989 , durante una temporada en la que enseñó dibujo en la Universidad de California (Ucla), en Los Ángeles, mientras su esposa era profesora de creatividad con fibra en el programa de maestría, visitaron Santa Fe (Nuevo México), donde descubrió que la galería Shidoni, localizada en la cercana población de Tesuque, contaba con un magnífico taller de fundición, establecido desde 1971 por Tommy Hicks. Comenzó a tra- bajar con ellos y en un principio enviaba por avión desde Colombia las figuras modeladas en cera, empacadas en cajas. Este sistema era costoso y con frecuencia las piezas llegaban rotas, por lo que optó por pasar tem- poradas de trabajo de dos meses en Nuevo México, durante los cuales Tiresias meditando, 1983. 33 × 48 × 28 cm, cerámica. Fuera de exposición.

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