5 0 suerte de desacomodo cortazariano frente a la rutina y lo establecido, hasta el punto de que algo de la esencia de las Historias de cronopios y de famas parece alimentarlas. Pero respiran también un peculiar y kafkiano sentido del absurdo y el horror, hasta convertirse en una cultivada me- táfora de la inutilidad. “Son un poco ridículos —declaró en una entre- vista de 1984 — y ofrecen una provocación porque tienes que pensar si son o no un mueble. Por ejemplo, hay un butaco para señor, en forma de pirámide, utilizado en la edad media para las torturas” 42 . De acuerdo con Moyano Ortiz, (…) Amaral posee un rebelde interior y su espíritu transgresor lo llevó a ex- perimentar y creó una larga serie de objetos inútiles, como hablando de lo estéril de las costumbres y de lo absurdo del sentido de utilidad en un mun- do sin valores perdurables, donde todo se consume al ritmo implacable del consumo (sic), en el reino de las apariencias, en el purgatorio de las “buenas costumbres”. Entonces se arriesgó con muebles y artefactos ensamblados de manera ingeniosa, proponiendo simbologías cargadas de humor fino e ironía corrosiva” 43 . Es cu l turas Luego de establecerse en Colombia, Amaral comenzó a crear una tem- prana obra como escultor, pues éste era su campo primordial de interés. Mujer (s.f.), Mujer embarazada (s.f.), Mujer tratando de alcanzar algo ( 1960 ), Mujer tomando el sol ( 1968 ), Mujer con corazón ( 1961 ), Hombre, un brazo ( 1962 ) y Cuerpo de mujer ( 1969 ), son algunas de las piezas de pequeño y mediano formato que logró fundir en bronce en Bogotá. Ellas tie- nen en común la intención de realzar el volumen corporal mediante la deformación de las proporciones anatómicas convencionales. Con frecuencia, el torso se expande notoriamente, mientras que los brazos, manos, cabezas y piernas se reducen para acentuar la sensación de mo- numentalidad de toda la figura. Algunas de estas piezas buscan expresar movimiento, asunto plástico que abandonará por completo en sus obras de madurez. Si bien Amaral había tomado un curso de escultura como estudiante de posgrado en Cranbrook, donde alcanzó a fundir unas tres piezas, fue la práctica en Bogotá lo que le permitió afianzar y ampliar sus conoci- mientos técnicos. Tal como se mencionó antes, el trabajo de fundición lo realizaba el único artesano que en ese momento ofrecía tal servicio en Bogotá. A pesar de que el artista aprendió algunos detalles técnicos con él, desistió de la escultura debido al gran descuido y desinterés con que el fundidor trataba los modelos originales que le entregaba. Años más tarde, en 1983 , hizo varias piezas en tierra cocida y otras en bronce, las cuales guardan evidente relación con los temas que entonces lo ocupaban como pintor. Ellas sugieren el regreso a la escultura que tendrá lugar seis años después. Obras como Frutas secas ( Nº 1 a Nº 7 ) y Mujer con los brazos en las caderas, 1959. 28 × 13 × 14 cm, bronce. Original, fuera de exposición.
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