4 6 Así la vida, sometida a los azotes de las ausencias y al inexorable trans- currir a pérdida, se traduce en una estética del duelo y el deterioro por medio de la razón artística. Derivadas directamente de esta serie de pinturas, se encuentran al- gunas esculturas en tierra cocida que, como la titulada Frutos del silencio ( 1983 ), llevan a las tres dimensiones los obsesivos elementos vegetales pintados en Frutas silenciosas y Frutos de duelo . Sobre una base pintada a la manera del mármol, que funciona como un pedestal, está la cosecha del silencio: no son frutas realistas sino ideas de frutas en descomposición —en proceso de agonía—, en virtud del cual se convierten en restos con sus cortezas contrahechas. Una vez más, están ahí como una com- probación muda de la desintegración incesante a la que está sometido Quietud sombría, 1996. 58 × 59 cm, tabla, lino, pergamino, gesso y acrílico. JAZ110.

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