3 1 pezones, dedos, dientes y orejas son las huellas de una extinta belleza, ahora en trance de desintegración. Tercer crucigrama de nueve máscaras para Narciso ( 1977 ) presenta, con la estructura de un mosaico, el rostro visto de perfil y sus posibles máscaras. Globos oculares ciegos, dientes y orejas por las que Narciso no oyó los llamados que lo habrían salvado de pe- recer, trazan las formas vacías que integran al personaje. En ocasiones, de manera paradójica, carece de mirada: está sumido en sí mismo o ya ha fallecido. Con la cabeza echada hacia atrás y apoyada sobre una losa, se convierte en un monumento conmemorativo de la belleza mortífera, como en Narciso: una máscara para un pedestal ( 1977 ). Cuenta la mitología que Orfeo fue un músico y poeta que, luego de unirse a los argonautas, logró vencer con su música el canto de las sire- nas que perdía a los marineros. Se casó con Eurídice, quien fue picada por una serpiente la noche de bodas y murió. Orfeo bajó a los infiernos con el fin de devolverla a la vida; para conseguir su propósito, debía abs- tenerse de mirar a su amada hasta llegar a la luz. Pero la miró, haciendo caso omiso de la prohibición, por lo que la perdió para siempre. La serie de dibujos que se fundamenta en este mito presenta una versión poética de la tragedia, según la cual la mirada puede ser la ruina del deseo y conducir a la muerte. Algunos de los títulos de las obras en los que desa- rrolló este enfoque son Orfeo ( 1976 ), Orfeo II, doble de un doble (¿ 1976 ?), Orfeo: el sonido de su voz desaparece ( 1977 ); Orfeo: cuatro máscaras para una semana ( 1977 ); Orfeo llama a Eurídice ( 1977 ); Su última mirada a Orfeo I y II ( 1977 ); Orfeo tratando de sostener la mano de ella I y II ( 1977 ). Según el poeta Ovidio, durante una discusión entre Zeus y Hera sobre cuál sexo experimentaba mayor placer, Tiresias, el adivino tebano que cumplió también un importante papel en la historia de Edipo, de- claró que era el femenino: Estuvieron de acuerdo en preguntar cuál era la opinión del sabio Tiresias: pues él conocía los placeres de ambos sexos. Pues él una vez golpeó dos cuer- pos de grandes serpientes que se apareaban en un verde bosque, por lo cual, ¡oh prodigio!, dejando de ser hombre se convirtió en mujer por siete otoños: en el octavo volvió a ver a las mismas serpientes y dijo: “Si es tanta la poten- cia de vuestras heridas que convierte a su autor al sexo contrario, ahora os heriré también”. Golpeadas las mismas serpiente, recobra la forma anterior y la imagen natural. Así pues, tomado por árbitro de esa jocosa discusión, confirma lo dicho por Júpiter: la hija de Saturno se dolió, según se dice, más de lo justo por el motivo, y condenó los ojos de su juez a noche eterna. Pero el padre omnipotente (…) a cambio de la luz perdida, le dio a saber lo futuro y le alivió la pena con honor 33 . En el plano simbólico, Tiresias encarna la fantasía de unidad de lo que no puede unirse. Al haber sido hombre y mujer en fases sucesivas, condensa la experiencia de los dos sexos, y en esa medida es otra repre- sentación del hermafrodita; al tener pasado y presente, y poseer el don Tiresias Nº 5, 1980. 76 × 57 cm, papel y lápiz. JA047. Serie de andróginos, 1980. 76 × 57 cm, papel, acrílico y lápiz. JA048.
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