2 2 deliberada aluden a la soledad, condición que se convierte en el hilo que recorre todo el trabajo de Amaral a lo largo de su trayectoria. Así pues, en lugar de disponer el cuerpo sobre la mesa de disección, recurre a superficies texturadas, a manera de una pantalla, donde pro- yecta fragmentos de la anatomía exterior masculina y femenina, enun- ciados desde la fantasía y las experiencias sensorial y visual. La ambigüe- dad gobierna un complejo sistema de entramados y correspondencias, lo que produce numerosas posibilidades combinatorias que renuevan y amplían los significados una y otra vez. En todo ello, como escribió Jacques Leenhardt, “falta la totalidad y reina lo disperso” 25 . En ciertas piezas, las imágenes están ya a punto de desaparecer por acción extrema de sus propias leyes de transformación: la desintegración, entonces, se convierte en la última metamorfosis inevitable. El punto de vista que Amaral tiene como dibujante es el del natura- lista, quien, de acuerdo con el Diccionario de Autoridades , “trata, examina y averigua las virtudes, propiedades y calidades de los entes naturales”. Sólo que él mismo crea sus propios “entes” y para representarlos los somete a un proceso de transformaciones que fijan un nuevo canon cor- poral, modelado por la imprevisible lógica del inconsciente. Ante estas láminas anatómicas que apelan a los sentidos, la mirada acaricia y el tacto observa en un continuo juego de complejas sinestesias, que se enlazan Mirando las cosas desde el otro lado, 1974. 50 × 65 cm, papel, gesso , acrílico, lápiz y acuarela. JA042. Página opuesta arriba: Rincones cuadrados de sueños (2 de 2), 1974. 45 × 56 cm, papel, gesso , acrílico, lápiz y acuarela. JA065.
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