1 5 lo emocional, así como dibujos con líneas, de marcado énfasis racional. Con todas ellas logró expresar asuntos propios de la naturaleza humana, según observó el poeta Mario Rivero al ponderar el tratamiento que Amaral daba a la línea: Los trazos (…) suelen subir y bajar, tal vez huir y perseguirse en una trayec- toria múltiple, contorsionada, formando ángulos que se enlazan y avanzan, dando unas veces la impresión de energía y otras de contención y disciplina, abruptos como un frenazo. El sentido más inmediato podría consistir en una agresión o conflicto entre fuerzas ambivalentes, tal vez los impulsos nacientes y otras fuerzas menos libres, más razonadas e intransmisibles. Decididamente sobria, antipatética, a veces se libera en un grafismo o se inscribe en una mancha de color contraria a toda tentativa de estrépito de las que pretenden significar que se pinta con dinamita 10 . La coexistencia de su temprano trabajo figurativo con obras abs- tractas se entiende también al considerar que figuración y abstracción son, para el artista, las dos caras de una misma moneda que se corres- ponden con el pensamiento y las sensaciones. Estas dos tendencias, que parecen evidenciar un enfrentamiento interior, en realidad for- man parte, desde entonces, de su labor creativa. En efecto, a lo largo de cuatro décadas de trabajo encontrará, una y otra vez, la manera de que abstracción y figuración convivan en la obra como lo hacen en su propio interior. Establecido en Nueva York en 1966 , Amaral visita galerías y absorbe manifestaciones culturales de vanguardia, como ballet, cine y teatro: “Quería saturarme de lo que nunca había vivido antes”, recordó años más tarde 11 . Un amigo le presta un espacio para trabajar y allí elabora dibujos que están poblados por numerosas figuras humanas desnudas, en variadas situaciones eróticas. De carácter muy literal e ilustrativo, es notorio en ellos el propósito de dominar el dibujo y la expresión gráfi- ca. Cierto día, mientras miraba un ejemplar de la revista L’Oeil , vio un dibujo del Renacimiento y se preguntó por qué no trabajaba con mayor realismo y menos esquematización: “Buscaba una evolución de los ca- ballos hacia otra expresión” 12 . Hizo algunos ensayos de dibujo a lápiz de perfiles de rostros y se dio cuenta de que podía abordar una figuración más cercana a lo clásico. Al recordar esta experiencia, dijo: Fue muy importante pues en ese año rompí con lo que hacía antes. Dejé de hacer texturas y caballos, y empecé a hacer dibujos con símbolos psicoanalíti- cos. Empecé a liberarme un poco más y cuando volvimos a Bogotá comencé a dibujar las cosas que posteriormente expuse en Buchholz 13 . Luego de regresar a Bogotá, Amaral, quien deseaba trabajar como escultor y no se había destacado por su habilidad con el dibujo en sus días de universitario en Norteamérica, decide convertirse en buen di- bujante, motivado por las frustrantes experiencias con el único fundidor Perfil Nº 2, 1971. 40 × 29 cm, papel preparado, gesso , acuarela y lápiz. JA003. Tacto-boca, 1969. 56 × 41 cm, papel y lápiz. 69D-JA004. Fuera de exposición.

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