1 4 Sus caballos, los cuales, a pesar de su estilización simplificadora y sintetizante, no son en su esencia “ingenuos” en cuanto a pintura. Tienen, conceptual- mente, más afinidad con un Klee o un Miró, que con el aduanero Rousseau y toda la interminable serie de “pintura ingenua” que de él se deriva 7 . Respecto a los colores y al estilo del artista, manifestó: En su paleta, Amaral prefiere los tonos claros: blanco, amarillo casi blanco y casi fríos, azules pálidos. Los caballos se configuran en grandes planos lisos, en los cuales sólo los ojos aparecen recortados como manchas-huecos. Con- trastado con los caballos, los hombres no están vertidos como meras siluetas, sino enmarcados por oscuras líneas de contorno. Esta diferenciación es típica y forma una de las características del estilo de Amaral. Cuando hablo de “es- tilo”, no es por un error dentro de una apreciación precipitada, sino porque el modo de expresarse del artista se aproxima bastante a lo que puede cristalizar en un estilo propio 8 . Todo este conjunto de interpretaciones se mantiene vigente hoy. En las obras figurativas exhibidas, entre las que se cuentan Dos caballos y un caballo tras la cerca (óleo, 1963 ), Tres caballos en una hoja de papel (dibujo, 1963 ), Un caballo negro tomando el sol (dibujo, 1963 ), Niño con un hilo ana- ranjado y Dos caballos escuchando una pintura de Roda , Amaral escenifica e infantiliza una figura tradicionalmente poderosa y fálica. De patas débi- les y cuerpos desproporcionados, son, como los percibió Roda, caballos antiheroicos y languidecientes, marcados por el sexo, la soledad y la incomunicación, lo que tal vez refleja los propios sentimientos del artis- ta, quien experimentaba dificultades para adaptarse y ser aceptado en el cerrado medio bogotano de entonces. Si bien el deliberado lenguaje in- fantil expresaría la inseguridad que entonces afrontaba sobre sus propias capacidades, muestra también una fascinación temerosa por la fuerza y el poder, resumida en la figura simbólica del caballo y en la sensación de abandono e indefensión que transmiten los personajes. Así pues, terminada su formación académica, Amaral parte de lo más básico. La figuración elemental que adopta para darles salida a fan- tasmas interiores guarda relación con una época en la que la libre ex- presión individual comienza a ser más aceptada. Respecto a las razones para adoptar una figuración infantil y el interés por los caballos, el artista declaró en 1964 : (…) la encuentro más sincera y fácil. Es como la de los niños, espontánea y sin pretensiones (…) el caballo tiene un sentido muy especial. Su forma se presta mucho para el contraste: el cuerpo fuerte y grande y las patas delgaditas 9 . Dos años más tarde presentó una exposición integrada en su totali- dad por piezas abstractas, en las que se renuncia a todo intento de repre- sentación. Pero, a la postre, esta incursión en el abstraccionismo consti- tuyó su despedida del mismo. Se trata de nubes de manchas de colores terrosos, ejecutadas a la aguada, que eventualmente hacen referencia a Ceja entre manos, c. 1968. Sin dimensiones , papel y tinta. Fuera de exposición. Señor con manos arriba, 1964. Sin dimensiones , papel tinta negra y sepia. Fuera de exposición.

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